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Tegucigalpa, Honduras — 29 de octubre de 2025
La construcción de la Central Hidroeléctrica Francisco Morazán (popularmente conocida como “El Cajón”) no solo transformó el panorama energético de Honduras, sino que también impulsó migraciones internas, reconfiguró medios de vida rurales y permitió el rescate de vestigios arqueológicos que hoy forman parte del patrimonio nacional.
Inaugurada en 1985, la central hidroeléctrica El Cajón –que genera cerca de 300 MW— marcó un hito para el país al contribuir significativamente al suministro eléctrico nacional. Sin embargo, la obra implicó profundos cambios sociales en las comunidades colindantes, donde la transformación fue más compleja.
Para conformar el embalse fue necesario inundar un amplio valle, lo que generó la necesidad de reubicar familias que habitaban en las orillas del cauce de los ríos Sulaco y Humuya. Investigaciones arqueológicas documentan que se inundaron unos 94 km². Como consecuencia, varias de esas familias perdieron acceso a sus tierras agrícolas tradicionales o a la pesca local, lo que propició migraciones hacia núcleos urbanos o municipios cabecera en busca de empleo y servicios.
El desplazamiento forzado o la adaptación a nuevas condiciones afectaron los medios de vida de la población local, pues la agricultura de riego o subsistencia en ribera fue reemplazada por otras tareas menos seguras. Esto creó una brecha entre los beneficios nacionales de la planta hidroeléctrica y el bienestar local.
Antes de inundar la zona, el Instituto Hondureño de Antropología e Historia (IHAH) y otros organismos realizaron un amplio programa de salvamento arqueológico para documentar y conservar los restos precolombinos que se ubicaban en el área hoy cubierta por el embalse. Este esfuerzo permitió preservar piezas cerámicas, estructuras antiguas y datos sobre la ocupación humana temprana que de otro modo se habrían perdido para siempre.
Más de cuatro décadas después, El Cajón sigue siendo un activo estratégico, pero también refleja retos. Proyectos recientes del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y otras instituciones buscan promover un “desarrollo resiliente, bajo en carbono e inclusivo” en las cuencas de El Cajón y del Lago de Yojoa, apoyando a pequeñas y medianas empresas, restauración forestal y tecnologías agroecológicas. Esto pone en evidencia la necesidad de que el impacto social y ambiental de la infraestructura sea gestionado de manera integral.
“La descarga controlada no traerá inundaciones en el Valle de Sula; es para garantizar sus vidas”, afirmó Erick Tejeda, gerente provisional de la ENEE, ante las medidas tomadas en octubre de 2022.
El Cajón representa una dualidad: símbolo de modernización energética para Honduras y al mismo tiempo un espejo de los costos que enfrentan comunidades y patrimonios locales. A medida que el país impulsa nuevos proyectos de infraestructura y desarrollo sostenible, la historia de estas poblaciones y su adaptación merecen ocupar un lugar central en el debate nacional.
Fuentes principales: